Transcurría 1996 y el clima social de nuestro país se recalentaba cada vez más. El gobierno de Carlos Menem profundizaba sus políticas neoliberales, mientras crecían la desocupación, la pobreza y el deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores y trabajadoras.

El 8 de agosto, el Movimiento de los Trabajadores Argentinos, junto a sindicatos opositores al gobierno, organizó una olla popular frente al Congreso de la Nación para acompañar a los sectores populares más golpeados por la crisis.

La respuesta del gobierno fue la represión. Apenas comenzó la organización de la protesta, la Policía avanzó con camiones hidrantes, palos y golpes contra quienes se movilizaban en defensa de sus derechos.

Aquella jornada marcó un punto de inflexión. Frente a un gobierno decidido a profundizar el ajuste, el pueblo trabajador comenzó a decir basta y a organizar nuevas medidas de lucha.

Pasaron 30 años de aquellas ollas mojadas por los carros hidrantes y la historia vuelve a encontrarnos bajo un cielo igualmente oscuro: un gobierno que ajusta, destruye salarios, desmantela programas sociales y golpea a los sectores más vulnerables.

Tres décadas después, volvemos a decir basta.

Con memoria y organización, honramos la lucha de quienes nos precedieron.